Foto: Council of Foreign Relations / Melanie Einzig
El acuerdo nuclear entre Irán y el OIEA —Organismo Internacional de Energía Atómica— dio el miércoles 24 de junio un paso concreto: el director general del organismo, Rafael Grossi, afirmó que las inspecciones en instalaciones nucleares iraníes se realizarán, a pesar de la disputa pública entre Washington y Teherán sobre si eso fue o no acordado. Mientras tanto, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, inició una gira por el Golfo Pérsico para alinear a los aliados regionales con los términos del acuerdo preliminar firmado la semana pasada.
El memorándum de entendimiento de 14 puntos fue suscrito por los presidentes de ambos países la semana pasada, tras meses de negociaciones. El documento establece un plazo de 60 días para que los equipos negociadores alcancen un acuerdo definitivo, y fija como punto de partida la reducción del enriquecimiento de uranio iraní.
El texto, según explicó Grossi, señala “explícitamente, en letras negritas”, que las actividades nucleares —dilución del material enriquecido, manejo de instalaciones y del inventario existente— se llevarán a cabo “bajo la supervisión del OIEA”. La metodología mínima acordada es la dilución in situ (down-blending): reducir el grado de enriquecimiento del uranio directamente en las instalaciones iraníes, con inspectores del organismo presentes.
El acuerdo también contempla que Irán permita el paso de embarcaciones por el Estrecho de Ormuz, mientras que EE.UU. levante el bloqueo naval a los puertos iraníes. El miércoles, la ONU informó que algunos barcos ya habían comenzado a circular por el estrecho bajo un esquema para evacuar a miles de marineros varados desde el inicio del conflicto.
La controversia se desató el lunes 22 de junio, cuando el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, dijo, tras reunirse en Suiza con el negociador iraní, que Irán había “acordado invitar de regreso a los inspectores del OIEA al país”. Al día siguiente, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores iraní respondió que no había habido “discusiones detalladas” al respecto y que Teherán no tenía planes de conceder acceso a las instalaciones bombardeadas durante los 12 días de guerra entre Israel e Irán en junio de 2025.
El presidente Donald Trump desestimó esa posición en tono tajante: “Irán acordó plena y completamente” las inspecciones, afirmó, descartando las “protestas y declaraciones falsas en contrario” de Teherán.
El canciller iraní y el viceministro de Relaciones Exteriores, Kazem Gharibabadi, matizaron la posición de su país: el acceso a las instalaciones dañadas y al material nuclear solo se abordará en el marco de un acuerdo definitivo con EE.UU. y después de que se den pasos concretos para levantar las sanciones. “El ruido mediático no puede usarse para imponer hechos sobre el terreno”, escribió Gharibabadi en X.
Desde Japón, Grossi fue categórico al responder si las inspecciones tendrán lugar. “Hay una guerra de palabras aquí. Unos dicen ‘sí’, los otros dicen ‘no'”, reconoció. “Entiendo las declaraciones políticas. Son parte de la realidad. Pero lo fundamental es que existe un memorándum de entendimiento firmado por ambos presidentes. Dice explícitamente que las actividades nucleares estarán supervisadas por el OIEA, en letras negritas. Esto va a ocurrir.“
El titular del organismo agregó que trabajarán “en las modalidades —fechas, procedimientos, lugares— muy pronto”, y que si las inspecciones ocurren “pasado mañana, en una semana o en diez días, es importante, pero no esencial.”
Mientras Grossi hablaba en Asia, Rubio se reunía en Abu Dabi con el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, antes de viajar a Kuwait y Bahréin. La gira apunta a asegurar que los aliados del Golfo queden alineados con los términos del acuerdo en construcción. “Si Irán quiere hacer un acuerdo bueno y real, Estados Unidos está abierto a eso. Si no, el presidente tiene opciones”, declaró Rubio en Kuwait City, y añadió que los negociadores probablemente se reunirán de nuevo en Suiza antes de que termine el mes.
En paralelo, el presidente Trump recibió en el Despacho Oval al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y expresó su molestia con los aliados de la alianza transatlántica que no respaldaron la guerra contra Irán. “Nos fallaron. No necesitábamos ayuda en esto para nada. Demolimos a Irán literalmente en la primera semana, pero hubiera sido bonito que dijeran: ‘Nos gustaría ayudar'”, afirmó Trump durante el encuentro, según un despacho de la agencia AFP.
El contexto energético también cambió el miércoles: el precio del petróleo Brent cayó por debajo de los 75 dólares por primera vez desde el inicio de la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero.
Aunque el memorándum comprometió a las partes, la situación sobre el terreno es compleja. El OIEA confirmó en un informe reciente que sus inspectores pudieron visitar la planta nuclear de Busher a principios de junio, pero que aún no tienen acceso a las instalaciones sensibles que fueron bombardeadas el año pasado. Eso significa que el organismo no puede ofrecer información sobre el tamaño actual, la composición o el paradero del inventario iraní de uranio enriquecido, ni confirmar si Irán ha suspendido por completo el enriquecimiento.
Se cree que gran parte de ese inventario se encuentra en túneles subterráneos en el sitio de Isfahan. Antes del inicio de la guerra, el OIEA reportó que Irán tenía 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza —cerca del umbral de grado armamentístico. Si ese material se enriqueciera al 90%, alcanzaría, teóricamente, para fabricar hasta diez bombas nucleares. Irán insiste en que sus actividades nucleares son exclusivamente pacíficas y que jamás ha buscado desarrollar armas nucleares.
El punto de origen del conflicto nuclear es el JCPOA de 2015, el acuerdo firmado entre Irán y seis potencias mundiales —EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania, China y Rusia— que comprometía a Teherán a limitar sus actividades nucleares y a permitir una supervisión “continua y robusta” del OIEA, a cambio de alivio de las sanciones económicas. En 2018, durante su primer mandato, Trump abandonó unilateralmente el acuerdo al considerarlo insuficiente para bloquear el camino iraní hacia la bomba, y reimpuso las sanciones. Irán respondió incumpliendo de forma creciente las restricciones del acuerdo, especialmente las relativas al enriquecimiento de uranio, hasta el estallido del conflicto armado.
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