Internacional

Un tribunal chino ordenó a Molly Tea pagar $1.5M a Louis Vuitton por copiar su logo de cuatro pétalos. Pero ese diseño tiene más de 5,000 años

Un tribunal en Suzhou, China, ordenó a la cadena de bubble tea Molly Tea pagar 10,3 millones de yuanes (aproximadamente 1,5 millones de dólares) a Louis Vuitton por infracción de marca registrada: el logo de cuatro pétalos de la empresa china, según el fallo, era demasiado parecido al icónico diseño floral de la casa francesa. El dictamen encendió un debate en redes sociales chinas que acumuló más de 400 millones de visualizaciones — y en el centro del argumento apareció una pregunta incómoda: ¿desde cuándo ese diseño es propiedad de alguien?

El fallo y la reacción: 400 millones de visualizaciones y China dividida

El tribunal de Suzhou ordenó a Molly Tea cesar el uso del logo, emitir una disculpa pública y cubrir los daños causados a la casa de lujo francesa. El caso tiene antecedentes administrativos: según reportó China Daily, Molly Tea y sus empresas afiliadas habían solicitado múltiples registros de marca ante la Administración Nacional de Propiedad Intelectual de China, casi todos rechazados. Solo prosperó el registro de marca que incluye los caracteres chinos del nombre de la marca; el diseño floral en disputa no obtuvo protección.

En Weibo, la red social más grande de China, la reacción fue inmediata. Un usuario escribió que empezaría a tomar “una taza de Molly Tea al día” como señal de apoyo a la empresa. “Denme un descanso. Solo están aprovechando que nuestros ancestros no registraron patentes”, añadió. En RedNote, otra plataforma, un comentarista argumentó que “figuras geométricas tan básicas se han usado en todas partes a lo largo de la historia, no solo en China.”

No todos defendieron a Molly Tea. Un usuario de Weibo respondió que quienes apoyan a la empresa deberían “estudiar derecho primero”: Louis Vuitton tiene el registro de marca, y eso, en términos jurídicos, zanja la discusión. Otro sostuvo que LV tiene derecho a defender su propiedad intelectual, independientemente de la industria del infractor.

La Ruta de la seda hasta París: el patrón de 5.000 años de historia

Lo que ningún lado del debate en Weibo tenía que buscar demasiado lejos es que el diseño en cuestión no nació en París.

El motivo tiene un nombre académico preciso: mandelrosette, o roseta de almendra, en referencia a la forma de sus pétalos. Según un estudio publicado en 2020 en el Bulletin of IICAS (International Institute for Central Asian Studies, Programa de la Ruta de la Seda de la UNESCO), sus representaciones documentadas más antiguas aparecen en el Antiguo Egipto del cuarto milenio antes de Cristo — presentes en la Paleta de Narmer y el Mazo Mayor del Escorpión —, donde el motivo simbolizaba la divinidad del faraón y la asociación poética entre la flor terrestre y la estrella celestial. Desde ahí, la roseta de cuatro pétalos recorrió Asiria, Persia, Grecia, Roma, las tradiciones judía, cristiana e islámica, el budismo del Gandhara, y llegó, viajando por la Ruta de la Seda, hasta Asia Central y China. Lo que Louis Vuitton reclama como marca registrada es, en términos de la historia del arte, un símbolo compartido por prácticamente toda civilización que alguna vez existió entre el Nilo y el río Amarillo.

Umbral de piedra, yeso tallado, Palacio Norte de Asurbanipal, Nínive (actual Irak), circa 645 a.C. Las rosetas de cuatro pétalos en el patrón central son características del arte neoasirio. British Museum, Londres.

El ejemplo chino más concreto — y mejor conservado — está en la Cueva 17 de las Cuevas de Mogao, en Dunhuang, China — complejo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y conocido como el Valle de los Mil Budas —, donde el arqueólogo húngaro-británico Sir Marc Aurel Stein recuperó a principios del siglo XX decenas de miles de documentos, textiles y objetos que habían permanecido sellados desde el siglo XI. Entre ellos, una serie de flores de papel excepcionalmente bien conservadas, con un diseño inconfundible: rosetas de cuatro lóbulos concéntricos sobre una base cuadrada, algunas con cuatro cuadros rotados en diagonal en el centro — una composición prácticamente idéntica al monograma que Louis Vuitton registró como propio.

Foto: The Trustees of the British Museum

Las flores forman parte de la Colección Stein, dividida entre el British Museum y el Victoria and Albert Museum de Londres. El V&A custodia, además, cerca de 600 fragmentos textiles y más de 70 objetos cerámicos y budistas de la misma colección, datados entre el 200 a.C. y el 1200 d.C., en préstamo del Gobierno de la India. El museo los describe como evidencia de “la intensidad del comercio y los intercambios culturales entre Oriente y Occidente en el noroeste de China durante el primer milenio”: objetos que cruzaron la Ruta de la Seda no solo como mercancías, sino también como portadores de religión, lenguaje y diseño entre civilizaciones.

Lo que el caso Molly Tea vs. Louis Vuitton tiene en común con México y Europa

China no es el primer país en el que LV enfrenta preguntas incómodas sobre la autoría de sus diseños.

En julio de 2019, la Secretaría de Cultura de México envió una carta formal a Louis Vuitton para pedirle explicaciones por el sillón “Dolls by Raw Edges”, cuyo respaldo mostraba bordados multicolores de animales característicos de los artesanos otomíes de Tenango de Doria, en el estado de Hidalgo. El sillón se vendía por 18.200 dólares. El gobierno mexicano invitó a LV a una reunión de trabajo con las comunidades indígenas para lograr “beneficios directos y concretos para todas las partes” y un reconocimiento adecuado de los artesanos. La empresa respondió que ya mantenía “una relación con los artesanos de Tenango de Doria” con una perspectiva de colaboración — y retiró el artículo de su sitio web y de sus redes sociales.

Foto: Juan Ricardo Montoya / La Jornada

En Europa, el propio sistema de propiedad intelectual puso en entredicho la solidez del portafolio de marcas de LV. En 2015, tras un proceso de siete años iniciado por un minorista alemán, el Tribunal General de la Unión Europea rechazó la protección comunitaria del patrón Damier — el diseño de cuadros en marrón/beige y gris que LV considera uno de sus emblemas — al determinar que se trataba de “una característica básica y banal compuesta de elementos muy simples” que “se ha usado comúnmente con propósito decorativo en relación con diversos bienes.” El Damier, es decir, carece de la distintividad necesaria para constituir una marca registrada en toda la Unión Europea. (Sigue protegido a nivel nacional en algunos países europeos, pero no como marca comunitaria.)

El debate que encendió el fallo contra Molly Tea no es nuevo. Solo es la versión más reciente de una pregunta que varios gobiernos, comunidades indígenas y tribunales llevan años formulando: ¿cuándo el registro de una marca deja de ser la protección de una creación original y se convierte en la privatización de un patrimonio compartido?

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