Foto: UEFA via Getty
El domingo, el organismo rector del fútbol mundial anunció que levantaba la suspensión impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun para que pudiera disputar los octavos de final contra Bélgica. El lunes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó en la Casa Blanca que él había llamado personalmente al presidente del organismo rector, Gianni Infantino, para pedir la reconsideración. La tarjeta roja a Balogun y la llamada de Trump desencadenaron una reacción en cadena: la UEFA lo calificó de “incomprensible e injustificable” y acusó al organismo rector de haber “cruzado una línea roja”; Bélgica impugnó la elegibilidad del jugador y la Comisión Europea alertó sobre la instrumentalización política del deporte.
Balogun fue expulsado durante los dieciseisavos de final ante Bosnia-Herzegovina — victoria 2-0 de Estados Unidos — después de que el árbitro brasileño Raphael Claus le mostrara la tarjeta roja en el minuto 64 por pisar con tacos el tobillo del defensor Tarik Muharemović. El tipo de infracción conllevaba una suspensión automática de al menos un partido.
Trump describió la jugada desde la Casa Blanca horas antes del partido contra Bélgica: “Vi la jugada y eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Este árbitro, que resulta un poco sospechoso si revisan su historial, tomó una decisión que nadie podía creer. No tenía ni idea de qué demonios era una tarjeta roja. Cuando me enteré, dije: ‘¡No puede ser!” Confirmó la intervención: “Sí, pedí una revisión.” Al día siguiente, publicó en Truth Social que agradecía al organismo rector por haber “revertido una gran injusticia.”
La presión no fue solo de Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, había declarado que el equipo “salió perjudicado” con la expulsión; el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el torneo, también mantuvieron contactos privados con el organismo rector sobre el caso, según reportes de medios estadounidenses.
El organismo rector justificó su decisión en el artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite suspender una sanción durante un período de prueba de un año: si Balogun comete otra infracción de naturaleza y gravedad similares, la suspensión se reactivaría y se sumarían eventuales sanciones adicionales. No fue la primera vez que Infantino y Trump se reunieron en términos cordiales: el año pasado, el organismo rector le entregó al mandatario el “Premio de la Paz de la FIFA”, una distinción que fue ampliamente criticada.
La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) salió a defender al árbitro atacado por Trump. “No existe nada en su historial que lo desacredite o que fundamente sospecha alguna”, dijo la CBF en un comunicado enviado a la AFP. “Raphael Claus es reconocido mundialmente como uno de los mejores árbitros en activo y cuenta con una trayectoria marcada por la excelencia técnica, la conducta ética y un respeto absoluto hacia el deporte”, añadió, rechazando “cualquier insinuación que ponga en duda su integridad.”
La UEFA, cuyos miembros incluyen a Bélgica, fue la primera gran institución en pronunciarse. En un comunicado, calificó la decisión de “inédita, incomprensible e injustificable”: “Cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por sus guardianes, la integridad del juego está en juego y la credibilidad de una competición se ve socavada.” Añadió sin rodeos: “A veces las reglas están abiertas a interpretación. En este caso, no.” La UEFA también recordó las fricciones históricas con Gianni Infantino, quien fue secretario general de la propia UEFA entre 2009 y 2016 antes de asumir la presidencia del organismo rector.
La federación belga (RBFA) anunció que impugnaría la elegibilidad de Balogun para el partido. Según la RBFA, se enteró de la decisión a través de los medios de comunicación. Al solicitar una copia formal y una explicación, el organismo rector respondió que consideraba la solicitud una apelación, designó a un juez y concedió unas pocas horas para completar el proceso — sin entregar la documentación solicitada. La apelación fue declarada inadmisible por la Comisión de Apelación del organismo rector. “La FIFA se aseguró de inmediato de que fuera declarada inadmisible”, escribió la RBFA, añadiendo que “seguirá luchando en las próximas horas, días y meses en defensa de los principios fundamentales de la ética, la competencia leal y los intereses del fútbol en su conjunto.”
El técnico belga Rudi García ironizó: “No sabía que el 5 de julio era en realidad el primero de abril. No estamos defendiendo a la selección ni a la federación; estamos defendiendo el fútbol y su integridad. Es la primera vez en la historia de los Mundiales que se toma una decisión como esta.” Desde Inglaterra, el exinternacional Gary Neville dijo que la excepción “huele muy mal” y Wayne Rooney añadió: “Si yo fuera el rival de Estados Unidos, estaría completamente furioso. Me parece una auténtica vergüenza”. La Comisión Europea también entró en el debate: el comisario europeo de Deportes, Glenn Micallef, advirtió en X que “las decisiones sobre las normas y los asuntos deportivos corresponden a los organismos deportivos, no a los políticos” y que “influir en las decisiones deportivas socavaría la autonomía del deporte.”
La Federación Suiza de Fútbol (ASF) también se pronunció mediante un comunicado en el que calificó la decisión de “incomprensible” y advirtió que genera “incertidumbre, en particular sobre la autoridad de las decisiones arbitrales, sobre todo cuando interviene el VAR.” “La credibilidad de la competición se basa en reglas claras aplicadas de manera coherente”, señaló la ASF, que optó por no mencionar directamente la llamada de Trump, pero precisó: “La decisión en el caso Balogun es incomprensible… sea cual sea su origen.”
La decisión sobre Balogun no surgió en el vacío. El torneo arrancó con una serie de precedentes que habían ido relajando la aplicación de sanciones disciplinarias. El caso más llamativo fue el de Cristiano Ronaldo: el portugués recibió una tarjeta roja en las eliminatorias europeas ante Irlanda por golpear a un rival con el codo, cumplió la suspensión obligatoria en el último partido de eliminatorias, pero se le perdonó una sanción esperada de dos partidos adicionales mediante el mismo mecanismo de libertad condicional. En contraste, al sudafricano Themba Zwane, expulsado contra México en el partido inaugural del torneo por una infracción de naturaleza similar, se le impusieron tres partidos sin libertad condicional y no volvió a jugar.
En mayo, a tres jugadores con suspensiones pendientes de partidos de eliminatorias — el ecuatoriano Moisés Caicedo, el argentino Nicolás Otamendi y el catarí Tarek Salman — se les permitió, sorpresivamente, cumplir sus penas en una competición futura en lugar del torneo, con el argumento de que los equipos debían “competir con sus plantillas más fuertes posibles.”
La excepción a Balogun extendió esa lógica al interior del propio torneo. El técnico de Noruega, Ståle Solbakken, no se limitó al calificativo de “mala, mala, mala, mala, mala decisión” del día anterior: en rueda de prensa este lunes fue más específico. “No tiene nada que ver con Trump, él no debería tener nada que decir en esto. Es una decisión de la FIFA, son las reglas de la FIFA, así es como se debe jugar el partido, como se deben aplicar las reglas”, dijo. La UEFA también señaló la inconsistencia: “Varios otros jugadores han estado en la misma situación y han cumplido regularmente con su suspensión.” Trump, por su parte, ya anticipó su veredicto en caso de derrota: “Si nos ganan de otra manera, yo diré que estuvo amañado, igual que las elecciones de 2020.”
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