El viernes cerca de Dallas, dos selecciones que nunca habían ganado un partido de eliminatoria directa en el torneo se miraron a los ojos. Solo una iba a acabar con ese historial. Fue Egipto — con Mohamed Salah ejecutando una panenka en la tanda de penales y declarando después que “hicieron historia.” Los Faraones vencieron 4-2 en los penales tras el empate 1-1 al final de la prórroga y esperan rival para los octavos de final: Argentina o Cabo Verde.
“Hemos hecho historia”: Salah, la panenka y la última gran cita de su carrera
Mohamed Salah había llegado al partido con molestias musculares y estaba en duda hasta el último momento. Lo que hizo cuando llegó la hora de los penales fue lo que hace en los grandes escenarios: anotó con panenka. “Si alguien iba a hacerlo, iba a ser yo. Tengo más experiencia que otros”, explicó después.
Salah había entrado al partido con una declaración de intenciones en el vestuario. “Hemos hecho historia. Les dije a los chicos antes del partido que este es el escenario más grande en el que se puede jugar, que no nos afectará la presión”, apuntó en declaraciones recogidas por AFP. El resultado le dio la razón.
Para el jugador de 34 años que acaba de cerrar su etapa en el Liverpool, este torneo tiene un peso particular: es probablemente la última oportunidad de hacer algo grande con la selección de un país que lo venera como a pocos. Egipto es siete veces campeón de África, pero había permanecido invisible en los torneos mundiales: en 1934 llegó a la instancia equivalente a los octavos de final y cayó 4-2 ante Hungría; en 1990 y 2018 no superó la fase de grupos. Este viernes, en Dallas, escribieron el primer capítulo distinto.
El partido, Hany y la apuesta australiana que no funcionó
El partido fue, según AFP, uno con “más tensión que ocasiones.” Emam Ashour abrió el marcador de cabeza tras una falta lateral en el primer tiempo. Australia igualó de la manera más inesperada: Mohamed Hany, quien minutos antes había salido brevemente del campo por una posible conmoción cerebral tras un choque —con la camilla esperando en la orilla— regresó a jugar y desvió con la cabeza un tiro libre hacia su propia portería. Era su segundo autogol del torneo; el primero lo había marcado ante Bélgica en la fase de grupos. Así acabaron los 90 minutos. Así acabó también la prórroga, en la que Patrick Beach sacó de forma acrobática un remate de Ramy Rabia que parecía gol.
Para los penales, el técnico australiano Tony Popovic reemplazó a Beach por el más experimentado Mathew Ryan. La apuesta no funcionó: Ryan no atajó ninguno de los cuatro disparos egipcios, mientras que Harry Souttar mandó el primer lanzamiento australiano por encima del travesaño y Lucas Herrington, de 18 años, golpeó el larguero. “Esto es duro, pero creo que hemos demostrado al mundo que el fútbol de Australia es fuerte. Estoy hundido”, reconoció Popovic.
Con la eliminación, Australia se va sin haber ganado jamás un cruce de eliminación directa en el torneo. Su salida también significa que no queda ninguna selección de la confederación asiática en la competencia: de los nueve que arrancaron, solo Japón y Australia llegaron a los dieciseisavos de final — y ambos cayeron en esa ronda.







