CIUDAD DE MÉXICO.- El hígado graso, conocido científicamente como esteatosis hepática, es una condición cada vez más frecuente que se caracteriza por la acumulación de lípidos en las células hepáticas. Este problema puede presentarse en personas que consumen alcohol, pero también en quienes no beben, y suele avanzar de manera silenciosa.
Una enfermedad silenciosa que puede evolucionar a daños severos
Cuando la grasa se deposita en exceso, el órgano puede inflamarse y desencadenar padecimientos más graves como hepatitis, fibrosis, cirrosis o incluso insuficiencia hepática. Si no se llevan a cabo cambios en el estilo de vida, el riesgo de avanzar hacia etapas más peligrosas aumenta considerablemente.
Los especialistas coinciden en que el manejo de esta condición requiere modificaciones profundas, entre ellas una dieta equilibrada, la práctica de actividad física, el control del consumo de alcohol y la atención adecuada de enfermedades metabólicas, como diabetes u obesidad.
El magnesio, un nutriente con impacto directo en la salud hepática
Además de las recomendaciones tradicionales, investigaciones recientes apuntan a que ciertos nutrientes pueden desempeñar un papel determinante en el control del hígado graso. Uno de ellos es el magnesio, un mineral frecuentemente pasado por alto.
Diversos estudios han demostrado que mantener niveles óptimos de magnesio puede disminuir el riesgo de esteatosis hepática. Una investigación publicada en la revista Endocrinology, Diabetes & Metabolism reveló que elevar la ingesta de este mineral contribuyó a reducir los niveles de colesterol y, como consecuencia, el porcentaje de grasa acumulada en personas con hígado graso.
Los expertos explican que este beneficio se debe a que el magnesio interviene en el metabolismo de la glucosa y los lípidos, favorece la sensibilidad a la insulina y ayuda a disminuir la inflamación, todos ellos factores estrechamente relacionados con la acumulación de grasa en el hígado.
Dónde encontrar magnesio de forma natural
Para incrementar su consumo, se recomienda integrar a la dieta diaria alimentos ricos en este mineral. Entre las mejores fuentes se encuentran:
Verduras de hoja verde: como espinaca, kale y acelga.
Frutos secos: almendras, pistachos y nueces.
Legumbres: garbanzos, lentejas y porotos.
Semillas: de calabaza, sésamo o lino.
Cereales integrales: avena, quinoa y arroz integral.
Los nutricionistas sugieren priorizar estas fuentes naturales antes de recurrir a suplementos, los cuales deben utilizarse únicamente si un profesional de la salud confirma una deficiencia.
Cómo aprovechar al máximo sus beneficios
Para obtener un efecto real en la salud hepática, el consumo de magnesio debe formar parte de un plan integral que incluya:
Alimentación variada y equilibrada.
Disminución de productos ultraprocesados.
Actividad física regular.
Adecuada hidratación, ya que algunas aguas minerales aportan magnesio.
Reducción del consumo de alcohol y azúcares simples.
Diagnóstico temprano: la clave para evitar complicaciones
El hígado graso suele detectarse a través de análisis de sangre o estudios de imagen como la ecografía abdominal, ya que en etapas tempranas no suele presentar síntomas evidentes. Por ello, los especialistas recomiendan realizar chequeos periódicos, especialmente en personas con factores de riesgo.
Aunque el magnesio representa una herramienta prometedora, los médicos subrayan que la mejoría requiere un abordaje completo y supervisado. Ante cualquier malestar o diagnóstico reciente, es fundamental acudir a un profesional antes de modificar la dieta o iniciar suplementación.