CIUDAD DE MÉXICO.- El cometa 12P/Pons-Brooks, apodado popularmente como el “Cometa Diablo” desde que en 2023 sufrió una explosiva erupción que le dio una apariencia semejante a dos grandes cuernos luminosos, ha retomado protagonismo en la comunidad astronómica. Este antiguo visitante pertenece a la familia de los cometas tipo Halley, cuerpos que recorren trayectorias extensas con periodos que van de 20 a 200 años. En su caso, regresa al vecindario solar aproximadamente cada 71 años.
Considerado uno de los cometas periódicos más activos y brillantes del sistema solar, 12P ha registrado múltiples estallidos recientes. Como integrante de los cometas casi isotrópicos, se cree que su origen se encuentra en la región interna de la Nube de Oort, una reserva remota de hielo y polvo que conserva la química primitiva del Sistema Solar.
Un espectáculo que no volverá este año… pero sí su legado
Aunque el cometa logró observarse en 2024 gracias a su acercamiento al Sol, este año no regresará al cielo nocturno. Sin embargo, su presencia sigue vigente en las corrientes de polvo que dejó tras sus numerosas erupciones: catorce registradas entre 2023 y 2024, además de dos posteriores al perihelio. Cada estallido expulsó nuevas nubes de partículas que fueron moldeadas por la radiación solar, extendiéndose a lo largo de su órbita.
Ese material —imperceptible a simple vista, pero constante— será visible indirectamente durante la lluvia de meteoros Dracónidas κ, que podrá apreciarse en México entre el 29 de noviembre y el 12 de diciembre. Esta lluvia es débil, con menos de dos destellos por hora, pero cada meteoro corresponde a un fragmento del cometa incinerándose en la atmósfera.
Un hallazgo clave: el agua de 12P se parece a la de la Tierra
Un estudio reciente publicado en Nature Astronomy reveló que el agua presente en el cometa 12P/Pons-Brooks es casi indistinguible de la que existe en los océanos terrestres. La clave está en la proporción entre el deuterio —un tipo de hidrógeno pesado— y el hidrógeno común: su huella química.
El valor medido en 12P fue de 0.00017, prácticamente igual al promedio del agua de la Tierra, que es 0.00016. Esta coincidencia refuerza la hipótesis de que los cometas pudieron haber llevado agua a nuestro planeta primitivo hace miles de millones de años.
Las mediciones se realizaron con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) y el Infrared Telescope Facility (IRTF) de la NASA, que permitieron distinguir entre agua común (H₂O) y agua pesada (HDO) en la coma del cometa con una precisión inédita.
Este resultado es especialmente relevante porque otros cometas de la misma familia han mostrado proporciones de deuterio muy distintas, lo que ha generado dudas sobre su papel en el abastecimiento de agua terrestre. Los datos de 12P sugieren que al menos algunos cometas de la Nube de Oort interior comparten un origen químico similar al agua de nuestro planeta.
Un rompecabezas que aún no está completo
Aunque los valores de 12P se encuentran entre los más bajos detectados para un cometa tipo Halley, los astrónomos aún necesitan más observaciones para confirmar si esta coincidencia es un caso aislado o parte de un patrón más profundo. Determinarlo podría ayudar a reconstruir la historia del agua en la Tierra y su conexión con los hielos antiguos que rodean al Sol.
Por ahora, el “Cometa Diablo” continúa ofreciendo claves científicas y, aunque no será visible este año, sus rastros llenarán de luz el cielo nocturno mexicano durante las próximas Dracónidas.