ESTADOS UNIDOS.- Una investigación realizada por la Oregon Health & Science University reveló que descansar menos de siete horas por noche incrementaría notablemente la probabilidad de morir de forma prematura. El equipo analizó información de residentes del estado de Oregon y concluyó que la falta de sueño no solo repercute en el bienestar cotidiano, sino que incide de manera directa en la duración de la vida.
El sueño, más determinante que la dieta y el ejercicio
Los especialistas compararon la cantidad y la calidad del descanso con otros aspectos habituales vinculados a la salud. Los resultados mostraron que ambos factores —cuánto se duerme y qué tan reparador es ese sueño— tendrían un peso mayor en la expectativa de vida que la alimentación o el nivel de actividad física. Para los investigadores, esto obliga a replantear prioridades en las estrategias de salud pública.
Dormir más el fin de semana no compensa
Otro punto destacado por los científicos es que intentar recuperar horas de descanso durante los días libres puede resultar contraproducente. Según el informe, los patrones irregulares y la acumulación de “deudas de sueño” alteran los ritmos biológicos y dificultan los procesos de reparación del organismo. La regularidad nocturna, concluyen, es esencial para disminuir el riesgo de mortalidad temprana.
Consecuencias para las políticas sanitarias
La investigación fija en siete horas el mínimo recomendado para un descanso saludable y remarca que la calidad del sueño es igual de importante que su duración. Dormir poco se vincula con alteraciones metabólicas, problemas cardiovasculares y afecciones de salud mental, condiciones que podrían explicar el aumento del riesgo de muerte prematura. Por ello, los autores sugieren impulsar acciones preventivas enfocadas en promover hábitos de descanso estables.
El estudio, basado en datos poblacionales de Oregon, apunta a orientar futuras recomendaciones médicas y campañas informativas. Además, propone que los chequeos clínicos incorporen evaluaciones sistemáticas del sueño y señala que los esfuerzos individuales deben acompañarse de cambios estructurales en los entornos laborales, de manera que se garantice el descanso necesario.
Recomendaciones prácticas
Entre los consejos de los expertos figuran limitar el uso de pantallas antes de acostarse, respetar horarios fijos e intentar mantener un ambiente adecuado para el descanso. Aclaran que la falta de sueño puede pasar desapercibida: no siempre se percibe, pero sus efectos se acumulan con el tiempo. Por eso, evaluar de forma periódica la calidad y la duración del descanso debería convertirse en un hábito de salud.
El estudio concluye que priorizar el sueño a nivel sanitario podría reducir la mortalidad anticipada y elevar la calidad de vida general. Aunque se necesitan análisis adicionales en otras regiones, los datos obtenidos en Oregon refuerzan la creciente evidencia internacional sobre los riesgos de dormir menos de lo necesario.



