Más de 250 mil billetes falsos circularon en México durante el último año, con un valor que supera los 100 millones de pesos. A pesar de los nuevos diseños y medidas de seguridad, la falsificación de dinero sigue siendo una constante en el país.
El billete de 500 pesos encabeza la lista de los más falsificados: casi la mitad de las piezas apócrifas detectadas corresponden a esta denominación. Le siguen el de 200 y el de 100 pesos, que juntos concentran otro 40 % de los casos. Los billetes más pequeños, como los de 20 o 50, rara vez se falsifican, porque el costo de hacerlo no compensa el valor.
El fenómeno no es menor: en México, 8 de cada 10 transacciones aún se realizan en efectivo, lo que mantiene el flujo constante de billetes en la calle y, con ello, el riesgo de recibir uno falso.
El problema se vuelve más evidente en lugares donde el pago digital es escaso. Tianguis, restaurantes, taxis o pequeños comercios son terreno fértil para que los billetes apócrifos se mezclen con los verdaderos.
Y la consecuencia es directa: si te llega un billete falso, pierdes el dinero. Los bancos están obligados a retenerlo para análisis, pero no a reembolsarlo si no fue entregado en ventanilla.
Las historias son comunes. Un cliente paga con un billete de 500 en la tienda, el dueño lo guarda sin revisarlo y, al día siguiente, el banco se lo rechaza. En segundos, perdió medio día de ventas.
Por eso, la única defensa real es la prevención. Revisar el papel, buscar la marca de agua, el hilo de seguridad, los relieves y colores cambiantes. Los nuevos billetes de la familia G incorporan elementos más visibles y texturas distintas, pero mientras el efectivo siga dominando, los falsificadores seguirán encontrando oportunidad.
En México, tener un billete falso en la cartera no es raro… pero sí costoso.
