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Colombia-Uzbekistán en el Azteca: crónica de una noche colombiana en CDMX

El miércoles 17 de junio, el Estadio Azteca fue, por una noche, territorio colombiano. En su regreso a un certamen deportivo internacional después de ocho años de ausencia, Colombia derrotó 3-1 a Uzbekistán en un partido que los aficionados presentes —la gran mayoría colombianos y mexicanos— vivieron con una intensidad que empezó mucho antes del pitazo inicial, desde el Metro.

El camino al sur: una procesión en el tren

Horas antes del partido, los vagones del Metro que corren hacia el sur de la ciudad se convirtieron en una mezcla improbable: gente intentando llegar a casa después del trabajo, aficionados rumbo a algún sports bar, vendedores de mercancía callejera y, sobre todo, colombianos de todas partes con boleto en mano —y la camiseta amarilla puesta.

Los retenes comenzaron en la estación Taxqueña. A partir de ahí, solo se avanzaba con el boleto del partido: el primer filtro de una jornada que funciona como una serie de embudos concéntricos hasta llegar al pasto.

Foto: Dime Noticias / @jamie_hongkie

Maluma, Falcao, Karol G y el medidor de decibeles

Ya en el estadio, antes de que saltaran los equipos, en medio del espectáculo de luces y sonido previo al partido, los altavoces soltaron Si antes te hubiera conocido, de Karol G. Más de ochenta mil personas —la mayoría con jersey amarillo— la cantaron a voz en cuello. No fue un himno planeado, fue espontáneo.

Poco después, Maluma hizo su aparición. El cantante colombiano bajó al pasillo de jugadores, pateó el balón unas veces y alcanzó a abrazar a Radamel Falcao —en lo que la transmisión de ESPN capturó como uno de los momentos del día— antes de subir a su palco.

Foto: Dime Noticias / @jamie_hongkie

La ceremonia previa incluyó una pantalla con un medidor de aplausos. Colombia recibió los vítores previsibles de una gradería mayoritariamente latinoamericana. Uzbekistán recibió abucheos. El medidor, con cierta diplomacia electrónica, terminó marcando empate.

Cuando aparecieron en pantalla los directores técnicos y figuras del fútbol mundial como Fabio Cannavaro y Luis Díaz, la tribuna perdió la compostura. Era el tipo de ruido que se siente en el pecho.

Las gradas: el mundo en una sección

El ambiente en las tribunas fue tan notable como el partido. La audiencia, predominantemente colombiana y mexicana, mantuvo los abucheos hacia Uzbekistán durante buena parte del primer tiempo —un detalle que, visto desde afuera, dice más sobre el aficionado latino que sobre los uzbecos.

En medio del mar amarillo, un bloque azul uzbeko —diminuto, numéricamente aplastado, pero presente— sostuvo sus colores con una dignidad que contrastaba con los abucheos que recibían desde las otras tribunas.

En una sección, un joven chino recibió el cántico colectivo de “amigo, chino, ya eres mexicano” —ese tipo de bienvenida que oscila entre la calidez y el exotismo involuntario. Cerca de él, dos hermanas de Nepal. Un grupo de mexicanos que aseguraban tener tres pasaportes y ascendencia francesa completaban el retrato de una noche donde el certamen hizo lo que se supone que debe hacer: juntar a gente que de otra manera no estaría en el mismo lugar.

Foto: Dime Noticias / @jamie_hongkie

La cerveza, un elemento narrativo por derecho propio, costaba alrededor de 300 pesos la lata —casi el doble de lo que vale en cualquier partido de liga en el mismo estadio. Algunos aficionados atribuían el precio a un porcentaje que el organismo rector del torneo retiene sobre las ventas de los concesionarios, aunque esa cifra no ha sido confirmada oficialmente.

El partido: Colombia 3-1 Uzbekistán

En la cancha, Colombia fue el mejor equipo y ganó con autoridad, aunque no sin susto. Daniel Muñoz abrió el marcador al minuto 40. Uzbekistán descontó a través de Fayzullaev al 60′ y, durante unos minutos, el partido tuvo una dinámica distinta. Cinco minutos después, Luis Díaz restableció la ventaja colombiana. Jáminton Campaz cerró la cuenta en el tiempo de descuento, al 90+9′.

Con la victoria, Colombia lideró el Grupo K y sumó sus primeros tres puntos en un certamen deportivo internacional desde Rusia 2018 —la selección no había clasificado a Qatar 2022.

Foto: Dime Noticias / @jamie_hongkie

La salida: el embudo en reversa

La jornada terminó como empezó: en procesión. Personal de seguridad del estadio, policía de la Ciudad de México y trabajadores del Metro coordinaron la salida de decenas de miles de personas desde ese recinto anidado en el sur de la ciudad. El mismo embudo, en sentido contrario, con el mismo ruido —aunque ahora con el resultado encima.

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