De acuerdo con análisis de encuestas especializadas y estudios recientes, casi 50% de los adultos en México tienen depresión o presentan síntomas relacionados con este trastorno en algún momento de sus vidas, lo que refleja un aumento importante en los problemas de salud mental tras la pandemia, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y encuestas nacionales de salud mental.

En este sentido el 11 % de los adultos y 38 % de los adultos mayores viven con depresión, con mayor prevalencia entre mujeres, según datos y declaraciones de profesionales del IMSS

El aumento de casos ha llamado la atención de expertos, quienes señalan la necesidad de fortalecer los servicios de atención psicológica y psiquiátrica a nivel nacional.
Cifras y contexto de la depresión en adultos
Las cifras disponibles indican que la depresión ha aumentado de manera sostenida en los últimos años, con millones de adultos mexicanos que han experimentado episodios depresivos y con un número significativo que no recibe tratamiento adecuado.

Esta realidad hace evidente que casi 50% de los adultos en México tienen depresión o síntomas que requieren atención profesional, según estimaciones de especialistas en salud mental y datos de encuestas nacionales e internacionalmente comparables.

Además, diversos grupos de población —especialmente mujeres y jóvenes— reportan una mayor prevalencia de síntomas depresivos. Organizaciones médicas y de salud pública han señalado que la escasez de recursos, la falta de diagnóstico oportuno y el estigma asociado a los trastornos mentales contribuyen a que muchas personas no reciban la atención que necesitan, a pesar de que los síntomas afecten su vida cotidiana.
Demandan políticas y atención integral
Ante este panorama, especialistas y organismos de salud han urgido al fortalecimiento de programas de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento accesible para abordar la depresión como una prioridad de salud pública.
El enfoque, señalan, debe ampliarse para incluir educación, apoyo comunitario y políticas públicas que reduzcan las barreras para acceder a atención en salud mental.



