Aclaran dudas sobre el consumo de huevo, café y otras infusiones

CIUDAD DE MÉXICO.- La presencia de hígado graso, una de las alteraciones hepáticas más comunes y estrechamente asociada al sobrepeso, la obesidad y el síndrome metabólico, suele generar incertidumbre sobre qué alimentos están permitidos. Entre las consultas más habituales aparecen el huevo, el café y las infusiones. Sin embargo, profesionales de la salud aclaran que no es necesario eliminarlos de la dieta y que, de hecho, pueden resultar beneficiosos dentro de un estilo de vida saludable.

Huevo: desmontan un mito histórico

La licenciada en Nutrición Natalia Antar (MN 8271, MP 4226), integrante del Hospital Británico y de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC), explicó en diálogo con Infobae que la creencia de que el huevo afecta al hígado pertenece al pasado y está desactualizada.

“El concepto de que el huevo perjudica al hígado quedó atrás. Es un alimento con elevada concentración de colina, un nutriente clave para el metabolismo de las grasas y, en ciertos casos, hasta podría cumplir un rol protector. Consumir un huevo al día encaja dentro de las recomendaciones de una alimentación equilibrada según estándares internacionales”, afirmó.

Café, té y mate: qué muestra la evidencia científica

Las dudas sobre el impacto de bebidas como café, té o mate también son comunes en consultorios de nutrición. Antar señaló que el consumo diario de dos tazas de café —siempre sin azúcar ni cremas— se ha asociado a una reducción del riesgo de fibrosis y a una evolución más lenta del daño hepático en personas con hígado graso, respaldado por diversos estudios clínicos.

Sobre el té verde, destacó su aporte de catequinas, compuestos antioxidantes con posible efecto hepatoprotector. En cuanto al mate, aseguró que no existen evidencias que indiquen efectos negativos en esta condición siempre que se consuma de forma moderada y sin azúcar. Además, advirtió evitar temperaturas excesivamente altas y limitar estas bebidas en personas con molestias gástricas o trastornos del sueño.

Hígado graso: una enfermedad silenciosa con riesgos reales

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHNA) se caracteriza por la acumulación de grasa en las células hepáticas y se vincula principalmente con alteraciones metabólicas. Según estimaciones del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, afecta a cerca del 75% de quienes presentan sobrepeso y hasta al 90% de las personas con obesidad severa.

Si bien la mayoría de los pacientes no desarrolla complicaciones graves, algunos casos pueden progresar hacia inflamación, fibrosis o incluso cirrosis. La falta de síntomas evidentes retrasa su detección: algunas personas sólo experimentan cansancio o molestias abdominales en etapas avanzadas. El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre, estudios por imágenes y, en ocasiones, biopsia.

La dieta mediterránea, el patrón más recomendado

Tanto el NIH como la Academia Española de Nutrición y Dietética coinciden en que actualmente no existen medicamentos específicos para tratar el hígado graso, por lo que el abordaje se basa en cambios sostenidos del estilo de vida y la reducción del peso corporal.

Los especialistas sugieren adoptar hábitos propios de la dieta mediterránea, priorizando grasas saludables e incorporando:

Aceite de oliva

Frutos secos

Pescados

Verduras y frutas

Legumbres

En paralelo, aconsejan limitar la ingesta de ultraprocesados, bebidas azucaradas, harinas refinadas, dulces y alcohol, ya que su consumo frecuente favorece la inflamación hepática.

Qué alimentos conviene evitar

Entre los productos más desaconsejados para quienes conviven con hígado graso se encuentran:

Carnes procesadas

Alimentos ricos en grasas trans

Snacks industrializados

Gaseosas y jugos azucarados

Alcohol

La restricción de estos alimentos es clave para evitar el avance de la enfermedad.

Prevención y controles médicos: dos pilares indispensables

La mayoría de quienes padecen hígado graso desconocen su diagnóstico, por lo que los controles médicos periódicos son fundamentales, especialmente en pacientes con diabetes tipo 2 o resistencia a la insulina. La detección temprana, sumada a una alimentación adecuada y al acompañamiento profesional, permite revertir la condición en muchos casos.

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