Académicas piden la renuncia del director del CIDE por acoso laboral

Denuncias y señalamientos reiterados contra la dirección

Académicas del CIDE denunciaron públicamente que el actual director, José Antonio Romero Tellaeche, mantiene un patrón de acoso laboral, violencia simbólica y hostigamiento contra mujeres al interior de la institución.

 En una carta firmada por integrantes del Seminario Interdisciplinario de Mujeres, Género y Feminismos (SIMGF), se reprochó la forma de dirigirse a compañeras durante una reunión, describiendo las conductas como “inaceptables” y propias de un ambiente de exclusión y subordinación que afecta la dignidad del personalAdemás, investigadores y académicas aseguran que las denuncias presentadas ante el órgano interno de control por acoso laboral no han tenido resolución, lo que agrava la percepción de impunidad institucional.

Acciones recientes reavivan el rechazo: demanda y movilizaciones

La situación escaló cuando Romero Tellaeche interpuso una demanda por “daño moral” contra la profesora-investigadora Catherine Andrews, una de las mujeres que lo había señalado por acoso. Para muchas académicas esto se interpreta como una medida intimidatoria, un intento de silenciar denuncias y preservar un status quo de impunidad.

En respuesta, la comunidad del CIDE —estudiantes y docentes— ha salido a protestar. En marchas recientes exigen a las autoridades la remoción inmediata del director, renovaciones institucionales y garantías de seguridad, respeto y autonomía académica.

Críticas a la gestión: más allá del acoso laboral

Pero las demandas van más allá de denuncias individuales. Quienes piden la renuncia de Romero Tellaeche argumentan que su gestión ha deteriorado el prestigio del CIDE: señalan decisiones arbitrarias en la remoción de personal académico como la destitución de la Secretaría Académica y dirección de evaluación. Además denuncian falta de transparencia en procesos clave y una supuesta autopropaganda institucional.

Estas acciones, según la comunidad, han dañado no solo la convivencia y el ambiente laboral, sino la credibilidad del centro como institución de educación e investigación.

Reclamo de una comunidad que exige justicia, respeto y cambios profundos

Las académicas y estudiantes del CIDE subrayan que sus exigencias no se limitan a una sustitución de cargos: piden mecanismos institucionales que garanticen rendición de cuentas, cese de hostigamientos, respeto a la autonomía intelectual y protección de los derechos de quienes forman parte de la comunidad.

La demanda de renuncia no es una reacción aislada: representa el clamor de una comunidad exhausta de irregularidades, vulneraciones y un ambiente de intimidación que, según denuncian, ha operado desde hace años.

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