El salón de belleza del Senado fue cerrado por las autoridades del recinto legislativo luego de que se difundiera su existencia y generara críticas por posibles usos indebidos dentro de la Cámara de Senadores de la República.
Descubrimiento y clausura
El salón de belleza del Senado fue identificado en el segundo piso del complejo legislativo, donde se ofrecían servicios de peinado, maquillaje y otros tratamientos estéticos a legisladores y legisladoras durante días de sesión plenaria.
Tras la difusión de vídeos y fotografías en redes sociales, personal de resguardo parlamentario colocó sellos de clausura en el espacio, el cual había sido habilitado discretamente sin señalización pública visible.
Defensa y justificaciones
La presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Laura Itzel Castillo, defendió el funcionamiento del salón de belleza y aseguró que los servicios no implicaban gasto público, ya que cada legislador que usaba la estética pagaba directamente por el servicio.

Castillo señaló que el espacio no era algo “fuera de lo normal” y que servía como apoyo a senadores y senadoras que viajan desde diversas partes del país y necesitan presentarse adecuados al iniciar sus jornadas de trabajo.
Reacciones y contexto político
La reapertura de este lugar, que ya había funcionado anteriormente antes de ser cerrado en 2018 por motivos de austeridad, provocó críticas entre diversos actores políticos y ciudadanos que señalaron posibles privilegios dentro del Senado.
Mientras algunos defendieron su uso al argumentar que se cubrían costos particulares, otros señalaron que su existencia dentro de la Cámara Alta contraviene las políticas de austeridad y genera un debate sobre la percepción pública del trabajo legislativo.


