La comida chatarra afecta la memoria en solo cuatro días, revela estudio

CIUDAD DE MÉXICO.- El impacto de la comida ultraprocesada sobre el cerebro podría ser mucho más rápido de lo que se pensaba. Una investigación realizada por la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte (UNC School of Medicine), en Estados Unidos, comprobó que apenas cuatro días de una alimentación rica en grasas saturadas bastan para alterar el funcionamiento de la memoria.

El estudio, publicado en la revista científica Neuron, identificó un mecanismo celular específico que muestra cómo el daño neurológico aparece antes de cualquier cambio físico visible, como el aumento de peso. Este hallazgo abre una oportunidad para intervenir de manera temprana y prevenir afectaciones más graves.

El cerebro, “secuestrado” por la grasa

Los investigadores se enfocaron en el hipocampo, la región cerebral encargada de procesar y almacenar recuerdos. Descubrieron que una dieta alta en grasas reduce el suministro de glucosa, el principal combustible del cerebro. Esta escasez afecta particularmente a un grupo de células llamadas interneuronas CCK, que, al quedarse sin energía suficiente, reaccionan con una actividad eléctrica descontrolada.

Esa “tormenta” de señales anómalas es suficiente para desorganizar los circuitos neuronales que permiten la formación y retención de recuerdos.

“Sabíamos que la alimentación influye en la salud cerebral, pero no imaginábamos que existiera un grupo de células tan vulnerable a este tipo de dieta”, explicó el equipo responsable del estudio.

Solo 96 horas para el deterioro

Uno de los aspectos más sorprendentes es la rapidez del efecto. En los modelos utilizados, los investigadores detectaron fallas en la memoria en menos de 96 horas, es decir, en apenas cuatro días.

Esto contradice la idea de que los daños neurológicos surgen únicamente como consecuencia a largo plazo de enfermedades como la obesidad o la diabetes. En realidad, el cerebro parece ser uno de los primeros órganos en reaccionar negativamente ante una dieta desequilibrada.

El estudio también refuerza la creciente evidencia que asocia el exceso de grasas saturadas con la neuroinflamación y la resistencia a la insulina cerebral, dos factores relacionados con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Daño reversible y esperanza científica

A pesar de la rapidez con la que se manifiestan los efectos, los investigadores ofrecen una nota positiva: el daño puede revertirse. En los modelos animales, al restablecer los niveles normales de glucosa en el cerebro o aplicar periodos de ayuno intermitente después de la dieta alta en grasas, las neuronas hiperactivas lograron estabilizarse y la memoria recuperó su funcionamiento normal.

“El estudio demuestra que lo que comemos impacta al cerebro de manera casi inmediata, pero también que existen estrategias tempranas para proteger la memoria”, concluyen los autores.

La investigación continúa, pero sus resultados ya sugieren una advertencia clara: nuestra alimentación influye en la salud cognitiva mucho antes de que el cuerpo lo refleje.

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