Sanae Takaichi: historia en Japón al convertirse en la primera mujer primera ministra

Una elección histórica

El 21 de octubre de 2025, el Parlamento japonés eligió a Sanae Takaichi como la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra de Japón, tras ser respaldada por su partido, el Partido Liberal Democrático (LDP), y una coalición de último minuto con el Japan Innovation Party (JIP).
Takaichi obtuvo 237 votos en la Cámara Baja, superando a su rival de la oposición, Yoshihiko Noda, quien recibió 149 votos.

Perfil y contexto

Con 64 años, Takaichi se convierte en la 104.ª persona en ocupar el cargo de primera ministra.

Fue elegida líder del LDP el 4 de octubre, lo que preparó el terreno para su designación como jefa de Gobierno.
Ella es reconocida por su línea política conservadora y nacionalista: aboga por una defensa más fuerte, una revisión de la Constitución pacifista japonesa y una política exterior más firme frente a China y Corea del Sur.

Desafíos y prioridades

  • Aunque su elección es histórica desde la perspectiva de género, analistas advierten que su agenda no prioriza necesariamente la igualdad de género, ya que Takaichi se ha manifestado en contra de reformas como la sucesión femenina en la familia imperial o el uso de apellidos separados para los cónyuges.
  • Su coalición nace con debilidades: tras la salida del partido Komeito de la alianza con el LDP, el nuevo bloque depende de un pacto con el JIP y no cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, lo que anticipa un inicio complejo para su gestión.
  • Entre sus prioridades están estabilizar la economía afectada por la inflación, reforzar la seguridad nacional y redefinir la relación con Estados Unidos, donde se le asigna una inminente reunión con el presidente Donald Trump.

¿Por qué importa esta designación?

La llegada de Takaichi al poder representa un cambio simbólico significativo en Japón, un país donde las mujeres han tenido poca presencia en los niveles más altos del Gobierno. Al mismo tiempo, su marcada orientación política abre nuevas dinámicas para la región Asia-Pacífico, y podría afectar cuestiones de comercio, seguridad y alianzas internacionales. Su liderazgo será observado por la comunidad global, especialmente ante desafíos como la crisis demográfica, la presión china en la región y la necesidad de reformas internas.

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